Cuando se habla de auxiliares de los yates más grandes no es posible referirse únicamente a “botes”. Primero, porque la envergadura de las embarcaciones disponibles a bordo superan en mucho la acepción de esta palabra y, segundo, porque no siempre son embarcaciones los vehículos disponibles en estos casos.
En los yates realmente grandes las características o particularidades de sus vehículos auxiliares suelen ser un dato que contribuye a configurar su personalidad. Más allá de las meras necesidades funcionales, muchos de los vehículos embarcados definen las aficiones del armador y los usos a los que se destinará el yate con preferencia. Los auxiliares pueden ser de todo tipo. No sólo embarcaciones más pequeñas, sino vehículos terrestres o aéreos. En la cubierta o en la bodega de un gran yate es posible encontrar helicópteros, hidroaviones, submarinos de bolsillo, automóviles o motocicletas. A menudo se piensa que un gran yate es la eslora menos necesitada de embarcaciones auxiliares, pero esto no solo no es cierto, sino que es justamente todo lo contrario. La embarcación auxiliar es necesaria para bajar a tierra o llegar al puerto por el simple motivo que los yates más grandes no caben en los pequeños puertos deportivos ni pueden acercarse mucho a la costa en razón de su mayor calado. Pero, además, es necesario diferenciar entre los botes o grandes embarcaciones auxiliares, necesarias por razones de funcionalidad, y otra serie de vehículos que se utilizan por razones de placer. Sin embargo, en el exclusivo mundo de los grandes yates, a menudo, se confunden ambos aspectos y el armador puede considerar una necesidad insustituible atender a sus huéspedes en lujosas embarcaciones auxiliares o poner a su disposición un helicóptero.

La primera característica que debe poseer un ténder de todo gran yate es su exclusividad. Esta embarcación será utilizada por el armador y sus invitados, pero no tanto por los miembros de la tripulación, que dispondrán de otro auxiliar, a menudo distinto, más sencillo. Es lógico que el armador de un gran yate, que ha invertido millones de euros en él, no desea ser sorprendido a bordo de una lancha que no presenta ninguna característica distintiva, desde el punto de vista del diseño o de la tecnología aplicada en su construcción. Es por eso que este tipo de lanchas posee una imagen propia que las distingue con facilidad de otra lancha convencional de la misma eslora. El ténder de un gran yate suele ser diferente.
Semirrígidas
Las embarcaciones semirrígidas son utilizadas por su seguridad de navegación, su gran flotabilidad y la posibilidad de reducir el espacio que ocupan a bordo cuando están deshinchadas. En los grandes yates no es frecuente desinflar el ténder, pues supone una pérdida de tiempo y el armador suele desear que todo esté a punto para atender sus más mínimos deseos, así que no será normal que el ténder esté plegado. Por razones de espacio y seguridad es frecuente el uso de modelos propulsados por jet, pero también los hay propulsados con fuerabordas y con colas, incluso con motores diésel, pues el espacio lo permite. En cuanto al combustible, hay que tener en cuenta que determinadas sociedades de clasificación exigen que no exista a bordo gasolina, ni combustible en garrafas o bidones, de modo que el combustible debe estar en el propio ténder o en los depósitos instalados en el yate. La propulsión jet cuenta con grandes adeptos. Este tipo de transmisión acentúa las posibilidades de navegar por aguas poco profundas, allí donde no puede aproximarse el yate, y supone un factor de seguridad adicional para los usuarios al carecer de hélices vistas en popa, lo que evita cortes accidentales a la hora del baño; además, la propulsión con jet reduce la altura total del bote y suprime los apéndices que sobresalen por debajo del casco, lo que facilita su estiba a bordo. Esto hace que incluso lanchas relativamente pequeñas se propulsen con transmisión por jet. La semirrígida es apreciada también porque posee una favorable relación de peso y potencia.
A la combinación de características que supone la buena navegación de la carena rígida y la reserva de flotabilidad del perímetro hinchable, suma la escasa carga que supone su presencia a bordo, por lo que, consecuentemente, la grúa para su botadura puede tener menos capacidad. Sin embargo, no todas las semirrígidas poseen las características necesarias para actuar como auxiliar de un yate de gran eslora. Los materiales empleados en su construcción han de ser forzosamente de calidad, pues el bajo precio no es un factor decisivo. Más bien al contrario, la embarcación debe rezumar calidad. El neopreno es en estos casos el material más extendido a la hora de confeccionar los flotadores, por su gran resistencia a la abrasión, rozamientos, etcétera. El tejido Sharc Duotex de Zodiac es una alternativa en este caso, ya que también presenta un precio elevado. El color elegido será, casi siempre, el blanco; si se utilizan otros colores será por razones estéticas, para combinar con los colores del propio yate, pero nunca por razones funcionales, como evitar una limpieza continuada, pues no es el armador quien se ocupa de su limpieza, sino la tripulación. Otros materiales utilizados en estos casos son las maderas nobles, que pueden utilizarse en el piso, la plataforma de popa u otros puntos, bien como elementos decorativos o funcionales, los pasamanos y asideros de acero inoxidable y, puntualmente, otros materiales de última generación, como el kevlar o los composites, que se emplean en el casco o las consolas de gobierno.
El equipamiento está en función de los usos concretos a los que vaya a destinarse la embarcación, con un alto grado de polivalencia, como el transporte de los invitados o los suministros para el yate, así como la práctica de los deportes acuáticos o llegar hasta lugares de poco calado para desembarcar. Equipamiento imprescindible son los cáncamos o ganchos para botar o recoger la lancha con la grúa de a bordo. Estos cáncamos, en el mejor de los casos, deberán ser escamoteables para no ocupar espacio y no provocar traspiés. También serán escamoteables las cornamusas o los soportes para las luces de navegación. El número de asientos será también elevado, en contra de lo que sucede con las lanchas semirrígidas convencionales, donde priva la polivalencia que suponen los espacios despejados, ya que en los ténders hay que dar cabida de modo confortable a todos los invitados. Estarán también previstos espacios de estiba, el gancho de esquí y de remolque, así como un completo cuadro de instrumentos que ponga de manifiesto el carácter distintivo de la embarcación y permita detectar cualquier disfunción o prestar un esporádico servicio: compás, sonda, corredera, GPS, VHF, etcétera.