Volver

Portada » Pruebas » Pruebas barcos » Prueba: Van Dutch 40, no solo diseño

Top artículos

Prueba: Van Dutch 40, no solo diseño

Náutica nº 252

ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos  J. Artiaga 

cerrarEnviar este artículo a un amigo:

Datos de tu amigo:

Tus datos (para poder indicar quién se lo manda):

  1. Van Dutch 40
  2. Interiores
  3. Navegación y conclusiones
  4. Ficha técnica
  5. A destacar y a mejorar

Pocas veces se presenta la ocasión de navegar en una embarcación tan especial como la Van Dutch 40, una open cien por cien mediterránea, en la que el diseño esconde más de lo que se puede ver a simple vista: un nivel de calidad excelente y unas instalaciones impecables.

Con una proa afilada, de roda recta, esta daycruiser de 40 pies es capaz de afrontar duras condiciones de mar con facilidad.
En tan solo poco más de un año el astillero holandés Vanguard Van Dutch Marine ha conseguido producir más de una veintena de unidades de la Van Ducht 40, una embarcación que es toda una joya del diseño. El responsable de esta innovadora imagen, que marca la continuación de las líneas más minimalistas iniciadas en su día por nombres como Wally, Fjord u otros, es Frank Mulder, experto en superyates que han marcado un hito en el diseño de la náutica de recreo, como por ejemplo el megayate de 35 metros Moonraker, barco capaz de alcanzar los 66 nudos de punta (récord absoluto en un crucero a motor privado de esta envergadura). La Van Dutch 40 es, por ahora, la única pieza que hace este constructor holandés. En esta open de última generación, en la que la exclusividad y la personalidad determinan un producto único, lo mejor del barco no está a la vista. Si bien es un modelo en el que resulta evidente su singular belleza, respaldada por una estética innovadora y casi futurista, fruto de unas formas puras y elementales —pero no por ello enemigas del confort o la ergonomía, cosa que ocurre con frecuencia en otros modelos—, más sorprendente es cuando su carena se desplaza planeando por encima de los 30 nudos con marejada y vientos superiores a los 15 nudos, como veremos ahora.

El sobresaliente en navegación que merece la Van Dutch 40, lo repite en lo que respecta a la calidad de materiales e instalaciones. Pero no queda todo en esto. La carena, además de ser la culpable del primer sobresaliente, capta tanto la mirada como el resto del barco: proa afilada, con unas amuras que recuerdan las proas clásicas marineras, que deja caer la roda perpendicularmente sobre el agua como la de los veleros más radicales, cortando el mar como una afilada herramienta de kéwlar, resinas y tejidos laminados al vacío. Es decir, que con el peor mar de proa, esta embarcación holandesa no conoce el pantoqueo: corta por delante, entrando sin hundirse, arrufando hacia los costados y despejando los rociones hacia las bandas, que solo el viento puede devolver. Con marejada, por aleta o popa, esta open de casi 12 metros surfea sin perder la menor estabilidad direccional. Se deja llevar por una rueda tan de diseño como la carena que soporta el deslizamiento sobre las olas. Responde a un giro que, aquí sí, parece que exige demasiadas vueltas de timón. En cuanto a la fabricación, este barco se ha realizado siguiendo las más modernas técnicas: el casco y la cubierta son de construcción compuesta en sándwich, empleando la inyección al vacío de resina con el fin de obtener la mayor solidez y ligereza de la estructura del barco. Los puntos estratégicos del casco se han reforzados con kévlar. Para la propulsión se ha optado por dos Yanmar de 260 Hp o de 480 Hp, con transmisiones ZF en V-drive, con el fin de poder ubicar los motores más hacia popa y ganar más espacio en el centro, además de adecuar mejor los pesos a bordo.

Cubierta y bañera


La arquitectura de la bañera, a varios niveles, distribuye sofás, solárium y puesto de gobierno en formas perfectamente proporcionadas.
Salta a la vista la limpieza, simplicidad y el minimalismo aplicado a las líneas que determinan la bañera y todos sus elementos. Esta gran área abierta está muy bien concebida. Aunque no es nada nuevo en este tipo de distribución, ya que otras marcas de alto nivel han aplicado soluciones muy similares, en la Van Dutch las formas van a favor de la ergonomía, la comodidad y las soluciones prácticas, de modo que en la enorme bañera de esta 40 pies los ocupantes se sienten con espacio suficiente. El astillero ha decidido poner en vez de teca un material denominado Eshec, que imita a la madera de Birmania, pero resulta más funcional y también muy cálido. Las colchonetas del solárium y de los asientos se han escogido también de un material especial que transpira, es lavable, resiste el sol, el salitre y cuya espuma recupera la forma al instante. A estas dos opciones se añaden un sinfín de pequeñas cosas que mejoran el confort a bordo: neveras, portacajas, pequeño bar, varios cofres de estiba grandes, portadefensas, ducha de agua caliente y fría, una gran plataforma de baño, solárium para tres o cuatro personas, dinete de buenas dimensiones, etcétera. Está claro que Van Dutch no ha dejado nada al azar en este 40 pies. Sin embargo, hay otra serie de detalles originales que demuestran que la marca desea ofrecer cierta exclusividad: las luces de navegación empotrables en la proa, igual que la blanca todo horizonte montada en la popa en un mástil telescópico, las cornamusas también escamoteables y una maniobra de proa —gran pozo y molinete eléctrico— que, mediante un sistema hidráulico, esconde el ancla o permite dejarla fuera por proa. En cuanto al espacio de la bañera, con cuatro elementos perfectamente ubicados el diseñador ha sabido crear un espacio cómodo, sin estorbos y bien protegido.

Puesto de gobierno


El panel del puesto de gobierno es prácticamente horizontal y muy despejado. En el lateral, junto a las llaves de contacto, se han colocado los indicadores de los dos Yanmar.
El gran parabrisas, alto y que abarca hasta casi media bañera, es el elemento protector principal del Van Dutch 40. El puesto de gobierno, en el estilo rectilíneo y minimalista del resto de la bañera, presenta un gran panel horizontal, despejado, sin apenas instrumentación, con una pantalla multifunción en el centro —demasiado pequeña—, el piloto automático y el joystick de la hélice de proa que viene de serie. Los flaps QL, muy eficaces pero casi innecesarios en este barco, figuran también en el equipamiento estándar, pero los indicadores de los dos Yanmar se han escondido en el lateral, junto a las llaves de contacto, seguramente para no saturar la consola, algo poco comprensible. Aunque la pantalla puede mostrar los indicadores de los motores, los indicadores han de estar a la vista. El asiento del piloto es fijo, con doble colchoneta para poder graduar la altura, pero carece de reposapiés, pieza indispensable en este barco cuando se navega a alta velocidad. Por lo demás, excelente visibilidad y ningún estorbo en un puesto de gobierno adecuado y elegante, con una rueda de diseño grande, que en la unidad probada debería reducir su número de vueltas, algo que se soluciona con un reajuste del sistema hidráulico.

Puntúa el artículo
- Puntuación media 3/5 (6 votos)




Para identificar tus comentarios regístrate o accede si ya eres usuario.

Aviso legal - Acerca de - Contacto - Política de privacidad - Mapa Web - MC Ediciones - Passeig Sant Gervasi, 16-20 08022 - BARCELONA