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ELEGIR EL BOTE AUXILIAR

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ELEGIR EL BOTE AUXILIAR

Náutica nº 231

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Las embarcaciones de recreo de cierta eslora necesitan un bote auxiliar. Muchos armadores primerizos prescinden de él hasta el momento que se echa en falta. En este artículo daremos algunas claves para su elección y uso.

Los armadores con experiencia suelen prestar una atención especial al bote auxiliar. La calidad del ténder o bote auxiliar es cuestión de ellos. A menudo los armadores de grandes yates eligen el auxiliar por encima de sus meras necesidades funcionales, pues el diseño, el equipamiento y la marca contribuyen a dotar de personalidad a todo el yate. En un gran barco los auxiliares pueden ser toda clase de artefactos flotantes, como tablas de surf, monotipos de vela ligera, motos acuáticas, lanchas rápidas de madero o fibra, etcétera. Lo normal es contar a bordo con una lancha neumática o semirrígida, incluso si se dispone de toda una flota de otro tipo de juguetes acuáticos.

Importancia del bote auxiliar
















La embarcación auxiliar tiene como fin primordial el transporte de los invitados y tripulantes hasta lugares a los que el propio yate no puede llegar, por razón de su calado, por la existencia de un puente bajo el que no puede pasar o, simplemente, porque no hay espacio en el puerto. Eso sin perder de vista el placer que supone fondear en una cala y utilizar el auxiliar para llegar a la playa, acudir a comprar provisiones o utilizarlo para la práctica de los deportes acuáticos, como el esquí náutico. Además, puede ser utilizado, también, en la limpieza del propio yate o en aquellas operaciones de mantenimiento que no resulta cómodo realizar desde la cubierta.

LA UBICACIÓN A BORDO
La elección viene con frecuencia determinada por el espacio disponible a bordo. La ubicación tradicional para llevar una embarcación auxiliar es suspendida de unos pescantes a popa, pero ésta es una solución que cada vez se aplica menos, pues parece poco integrada en el conjunto del diseño. Sin embargo, muchos cruceros, con flybridge de eslora media o moderada, no disponen de espacio suficiente para estibar un auxiliar bajo la bañera o sobre el flybridge, y la plataforma de baño no cuenta con la anchura suficiente para ello. Los pescantes son entonces una buena solución, a condición de que el peso del auxiliar sea proporcionado. También es muy frecuente esta solución en los catamaranes.
Lo más desaconsejable es llevar el ténder a remolque, pues se convierte en una especie de ancla de capa, sufre un desgaste innecesario y resta velocidad al barco. Sin duda, que en las singladuras cortas da pereza izarlo a bordo para botarlo poco después, pero llevar el bote a remolque es tan poco elegante como llevar las defensas colgando de los pasamanos mientras se navega.
La plataforma de un gran yate a motor o, incluso, la parte posterior del flybridge poseen el espacio y la solidez estructural suficiente para estibar una moto acuática o una semirrígida, pero en las últimas temporadas han proliferado los diseños en los que los astilleros han previsto ya una ubicación concreta para el ténder, fuera de las miradas de los curiosos y a buen recaudo de las inclemencias meteorológicas. Muchos diseños de deportivas open en torno a los 40 pies, y aún por debajo, ofrecen la posibilidad de estibar el auxiliar en el compartimento existente debajo del solárium. Este volumen puede ser tan generoso que permita estibar lanchas neumáticas de más de tres metros de eslora, hinchadas, con el motor fueraborda montado o desmontado, o lanchas semirrígidas en parecidas condiciones. En este último caso son numerosas las ofertas de embarcaciones propulsadas con jet, pues la menor altura del conjunto las hace más fáciles de estibar a bordo.

NEUMÁTICAS PLEGABLES O SEMIRRÍGIDAS
Neumática plegableSi se opta por una neumática plegable, vale la pena tener en cuenta las distintas posibilidades, pues existen diferencias notables, sobre todo por lo que hace referencia al suelo de la embarcación. Los enjaretados de madera, aluminio o plástico proporcionan un piso firme, pero las piezas deben encajarse con una cierta habilidad. Para corregir esta situación se han desarrollado los suelos enrollables, que facilitan el montaje e impiden que se pueda perder alguna pieza. Pero la solución de más fácil montaje es, seguramente, la del suelo hinchable; en este caso el piso se hincha, pero no se deforma, pues un entramado de hilos de poliéster situados en el interior tensan la cara inferior y superior del suelo, evitando que se deforme. La estructura de hilos y la presión del aire interior se compensan en cierto modo garantizando la forma del conjunto, exactamente igual que si se tratase de un piso rígido, pero con un peso mucho menor y el mínimo espacio ocupado cuando la neumática se estiba deshinchada. Este sistema facilita que la lancha se pueda montar y desmontar cuantas veces sea necesario, mientras que los enjaretados tradicionales están más pensados para un reducido número de montajes y desmontajes a lo largo de cada temporada, pues pueden sufrir cierto desgaste o, en algunos casos, incluso la pérdida de alguna pieza, si bien en la mayoría de modelos hay unas cinchas que unen las piezas móviles para que no se extravíen.
Las semirrígidas poseen excelentes características como auxiliares, pues combinan las buenas condiciones de navegación que les proporciona su carena rígida, con su excelente relación de peso-potencia y la reserva de flotabilidad del perímetro hinchable, que actúa como gran defensa igual que sucede en las neumáticas plegables. El peso de una semirrígida suele ser mayor que el de una plegable de la misma eslora y envergadura, pero aún así no suele ser excesivo, sobre todo si el yate tiene cierto porte.
Una clara ventaja es que la carena rígida permite la colocación de accesorios y mobiliario, hasta con todo lujo de detalles y equipamiento, como pueden ser un asiento de tipo jockey, una consola de mando, suelos de teca, cáncamos de izado u otros. En el mundo de los grandes yates el asunto está tan resuelto, que los cáncamos son escamoteables para evitar tropiezos.

MATERIALES
La elección de los materiales es un punto de interés, pues determina en buena medida el precio. Los flotadores de neopreno son más caros, pues es un material más resistente a la abrasión y a los rozamientos, pero el PVC es suficiente en la mayoría de los casos, ya que no hay que olvidar que se trata de una embarcación auxiliar, con un uso limitado. Si el ténder es para un gran yate, el precio del neopreno tiene una incidencia muy relativa, pero en un pequeño velero una neumática de PVC será suficiente.
La firma Zodiac utiliza en algunos de sus botes auxiliares un nuevo material denominado Sharc Duotex, con un soporte textil que se teje con doble hilo en la trama y doble hilo en la urdimbre, con una inducción —material de recubrimiento de poliuretano alifático—, que tiene un comportamiento frente a los rayos ultravioleta superior al poliuretano aromático que se utilizaba hasta ahora por algunas marcas.
El nuevo tejido es muy fácil de limpiar. Cuenta con cinco años de garantía, pero es más caro que el neopreno, de modo que solo se ofrece en los modelos de la marca Zodiac de más de seis metros y en los anexos propulsados por jet de las gamas Projet y Yachtline Deluxe. El color tiene su importancia: el blanco es muy exigente a la hora de la limpieza y el mantenimiento, mientras que el gris es más sufrido.

PROPULSIÓN
Bote auxiliar con motor de 4 tiemposCuando el ténder está propulsado con una transmisión por jet la potencia es fija, pero cuando no es así, además de elegir el modelo de embarcación, hay que escoger el motor fueraborda adecuado. En los yates de bastante envergadura la propulsión jet es muy apreciada porque incrementa las posibilidades de navegar por aguas poco profundas y supone un factor de seguridad adicional para los usuarios, al carecer de hélices externas. Hay lanchas relativamente pequeñas que se propulsan con transmisión por jet, pero su precio es siempre superior, pues el motor con jet tiene una potencia mínima en torno a los 100 Hp. Si comparamos los precios entre los distintos tipos de embarcación las mayores diferencias se producen cuando la lancha monta jet. Un modelo pequeño, como la Avon Seasport 320 Jet, vale 21.947 euros, pero lleva un motor de 98 Hp, mientras que una Zodiac Zoom 310 SR (semirrígida) y una Bombard AX 500 R (plegable), ambas con un motor Yamaha de 4 Hp y 4 tiempos, incluido en el paquete, cuestan 2.052 euros. La diferencia es muy apreciable, pero el segmento del mercado al que se dirige la propulsión con jet es marcadamente distinto.
Si se opta por el fueraborda, las posibilidades de elección son mayores. Hasta hace pocas temporadas lo habitual era elegir un pequeño motor fueraborda de 2 tiempos, pues resultaba lo más económico y lo más ligero, pero con las actuales normas de protección del medioambiente los únicos motores fueraborda de 2 tiempos son de inyección directa y su potencia mínima es de 40 Hp. En consecuencia, la elección forzosa es un fueraborda de 4 tiempos.
En cualquier caso hay que llevar gasolina para su funcionamiento, sobre todo si los motores principales del yate son diésel, pues no se podrá utilizar el combustible de los depósitos principales para alimentar el fueraborda del ténder.

LA MOTO ACUÁTICA
La moto acuática es una buena alternativa como auxiliar, pero sólo cuando el yate es relativamente grande. Las motos acuáticas son bastante pesadas, no es aconsejable llevarlas a remolque ni suspendidas de pescantes. También hay que tener en cuenta que la moto es una entidad indivisible, mientras que una lancha neumática o semirrígida no: el motor fueraborda puede ser desmontado y estibado por separado, de modo que es posible una mejor distribución de la carga. Esto es especialmente importante en el caso de las neumáticas plegables, ya que siempre es posible guardarlas plegadas en un lugar de estiba de reducidas dimensiones hasta que llega el momento de hacer uso de ellas.

Moto acuática como auxiliar




















En cambio, la moto tiene la ventaja de su mayor velocidad y de poder ser utilizada como elemento de divertimento, además de funcional. En principio, hay que pensar que la moto acuática utilizada como auxiliar debe ser un modelo de conducción sentado, para dos o tres ocupantes, y no una moto de conducción de pie, que no tiene ninguna posibilidad de ser utilizada como embarcación de transporte y, seguramente, tampoco podrá emplearse como divertimento por los invitados, pues hay que tener alguna experiencia para ello. En los grandes yates es muy frecuente contar con motos acuáticas y embarcaciones semirrígidas para cubrir todo el abanico de posibilidades.

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