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EL TURBO Y EL COMPRESOR (I)

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EL TURBO Y EL COMPRESOR (I)

Náutica nº 225

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El turbo y el compresor tienen la misma finalidad pero funcionan de maneras diferentes. La utilización en los motores marinos de sistemas de sobrealimentación es cada día más frecuente. La admiración que producía años atrás la instalación de alguno de estos sistemas ha desaparecido para convertirse en una tecnología que montan hasta las motos acuáticas.

La utilización en los motores marinos de sistemas de sobrealimentación, como el turbo y el compresor volumétrico, ha alcanzado una difusión que pocas personas hubieran imaginado años atrás. Su aplicación más normal se encuentra en los grandes motores diésel, pero actualmente está presente en motores marinos de casi todas las potencias, en motores fueraborda a gasolina y en un gran número de modelos de motos acuáticas.

El turbo y el compresor no son más que muestras de la evolución tecnológica, del mismo modo que lo es la utilización de la electrónica, así como la combinación de todas estas facilidades, con tal de disponer de motores más compactos y eficientes. Con frecuencia se sobreentiende que el turbo y el compresor proporcionan más potencia o velocidad a un determinado vehículo, también a una embarcación, pero sin saber muy bien cómo. Nos ha parecido que la importancia de este tema merece un extenso tratamiento de modo que lo dividiremos en dos artículos consecutivos, primero planteando los aspectos teóricos y a continuación su aplicación práctica.

AIRE Y COMBUSTIBLE
Como paso previo a todo ello hay que manejar un concepto básico según el cuál, para un adecuado funcionamiento del motor, es necesario introducir una proporción fija de aire y combustible; la potencia está en el combustible, no en el motor. Esta proporción suele ser de una parte de combustible por quince de aire, esto significa que, para una correcta combustión, hace falta mucho aire. De ahí la importancia de las entradas de aire a las salas de máquinas y sentinas de los motores en todas las embarcaciones; también es importante respetar las aberturas que los fabricantes realizan en las carcasas de los motores fueraborda.

Pero aunque el motor estuviera totalmente descubierto y al aire libre no quedaría totalmente solucionado el problema de falta de aire, para atender las necesidades del motor en sus distintos regímenes de funcionamiento, si los componentes mecánicos no hubieran sido correctamente dispuestos. A baja velocidad el aire tiene mucho tiempo para entrar en los cilindros, suele hacerlo por simple presión atmosférica o por la aspiración que ejerce el propio movimiento del motor; el aire entra en los cilindros como consecuencia de la depresión creada por el movimiento descendente de los pistones en el interior de los cilindros. Cuando el pistón desciende entra el aire por las válvulas -en los motores de cuatro tiempos- o es empujado a través de los transfers desde el cárter a la cámara de combustión en los motores de dos tiempos.
Pero a alta velocidad el tiempo de que dispone el aire para acceder al motor disminuye y la cantidad que entra es menor, con lo cual la proporción de aire con respecto al combustible disminuye, esta falta de aire se suele definir en términos coloquiales como “ahogo”; el motor se ahoga por falta de aire, al igual que le sucede a cualquier ser vivo. Hasta hace pocos años el combustible se introducía en los motores a gasolina mezclado con el aire, mediante sistemas como las láminas o las válvulas, y aspiración natural. En los motores diésel el combustible se introduce mediante inyectores cuando el aire ya está comprimido en el interior del cilindro. La inyección mecánica o electrónica ha permitido introducir a los motores una cantidad superior de combustible, pero de nada sirve que el motor disponga de mucho combustible sino cuenta también con el suministro de aire necesario; cuando la admisión atmosférica no es suficiente se emplean los sistemas de sobrealimentación para bombear más aire al interior del motor.

En general, la sobrealimentación consiste en introducir en el cilindro una cantidad de aire mayor a la que el motor es capaz de aspirar en condiciones normales. Para ello existen dos procedimientos básicos: el turbo y el compresor. Muy resumidamente diremos que el turbo está relacionado con el impulso que generan los gases de escape, mientras que el compresor tiene que ver con el giro del propio cigüeñal. Con frecuencia se utiliza la palabra turbocompresor para definir un sistema turbo que no está vinculado al cigüeñal. También se suele utilizar el término “alimentación” sin diferenciar entre alimentación de aire o de combustible. Gajes del vocabulario...

EL TURBO
Uno de los sistemas más utilizados es el turbo, a menudo también llamado turbocompresor, si bien, como ya hemos señalado, esto puede dar lugar a confusión en comparación con el compresor a secas.
El turbo es un conjunto mecánico de dos ventiladores, colocados en el interior de sendas carcasas, uno de los cuales es movido por los gases del escape cuando salen del motor y otro, que gira solidario a éste, que aspita aire del exterior y lo conduce al interior del motor. Hay que tener en cuenta que todas las piezas en movimiento suponen una pérdida de eficacia por fricción, temperatura, etcétera.

Esto significa que hasta que el motor no alcanza un cierto régimen de funcionamiento no se produce la entrada de una cantidad suficiente de aire para compensar la pérdida de energía ocasionada por el rozamiento de los dos ventiladores; además, este aire llega más caliente que el aire atmosférico, por el simple hecho que, al entrar forzado, sufre un calentamiento por fricción y, por lo tanto, está más dilatado, de modo que la proporción de oxígeno es menor. Ha de quedar muy claro que los gases del escape no vuelven a entrar al motor, pues no contienen aire útil, sino que sólo se utilizan para hacer girar uno de los dos ventiladores; el aumento de temperatura se genera sólo por fricción y por compresión. Puede suceder que lo que se ha ganado por la cantidad de aire insuflado se pierda en una parte por la peor proporción de oxígeno en el aire.

Este es también un aspecto importante, pues lo que en realidad necesita un motor convencional no es aire en el sentido estricto, sino oxígeno, y la proporción de oxígeno es mayor en el aire frío que en el aire caliente, como también lo es a nivel del mar con respecto a un lugar más alto, de ahí las diferencias que surgen cuando cambia la presión atmosférica o la temperatura de noche con respecto al día; casi todos nosotros hemos observado que los motores —coches, motos, embarcaciones...— parecen funcionar mejor de noche que de día. Por supuesto, van más de prisa, pero también consumen más...

Para mejorar la calidad del aire procedente del turbo se utiliza en muchos casos un sistema de refrigeración de este aire denominado intercooler, que lo enfría y contrae antes de empujarlo al interior de los cilindros; cuando este sistema de enfriamiento -un serpentín por el que circula un líquido que a su vez es enfriado por agua de mar- se sitúa antes del ventilador del turbo se denomina intercooler, pero si está después del ventilador se llama aftercooler.

Con frecuencia se dice que el motor gana en rendimiento cuando “entra el turbo”, pero el turbo está siempre funcionando, lo que sucede a determinadas vueltas es que se percibe la eficacia del turbo, con un aumento del régimen o de la velocidad. En cada tipo de motor esto sucede a un número distinto de vueltas pero rara vez por debajo de las 1.800 revoluciones.

EL COMPRESOR
Los compresores son el sistema más antiguo para aumentar la entrada de aire al motor, pero fueron apartados por la industria porque, al contrario de lo que sucede con el turbo, el compresor está vinculado directamente al cigüeñal, y su aplicación también restaba energía hasta que se consiguieron los elementos tecnológicos que consiguiesen compensar estas pérdidas. Su aplicación práctica se produjo a partir de la década de los años 1980 para su aplicación en la automoción.

La diferencia con el turbo consiste en la inmediatez del compresor, que es eficaz en cuanto el cigüeñal empieza a girar, de modo que no requiere una velocidad mínima para que se perciba su intervención; suministra una provisión adicional de aire que permite aprovechar todo el combustible y disponer de toda la potencia necesaria a todos los regimenes de forma progresiva, pues el compresor siempre está en funcionamiento y ofrece una respuesta instantánea a la aceleración o desaceleración. Aumenta o disminuye conforme lo hace el régimen del motor, cosa que no sucede con el turbo, que sólo es eficaz cuando los gases del escape alcanzan la fuerza suficiente para compensar las pérdidas por rozamiento de las piezas. Al igual que sucede con el turbo, el compresor más habitual es un ventilador, un sistema de palas que empuja aire al interior de los cilindros; la diferencia está en el mecanismo utilizado para hacer girar el ventilador, que no es el aire del escape sino una correa o un engranaje vinculado al cigüeñal.

Puesto que estos sistemas se incorporan con frecuencia en los motores diésel, y estos motores tienen un régimen de funcionamiento bastante bajo, suele suceder que entre el cigüeñal y el eje del ventilador o compresor se tiene que montar un engranaje que multiplica el número de vueltas, con la finalidad de capturar la cantidad de aire suficiente y conseguir la necesaria velocidad para que llegue al interior de los cilindros en cantidad suficiente. Algunos sistemas pueden llegar a girar a 150.000 vueltas, lo que hace necesario un sistema añadido de refrigeración por aceite, debido a las altas temperaturas que se alcanzan; algunos motores necesitan seguir girando a bajo régimen después de haber estado en funcionamiento para que el aceite siga fluyendo girando por el motor y evitar averías por sobrecalentamiento.

Si en lugar de utilizar un ventilador accionado por el cigüeñal, se utiliza también un pistón para comprimir el aire antes de introducirlo en los cilindros se denomina al mecanismo como compresor volumétrico, pero existen numerosos sistemas y patentes en este sentido, de modo que el vocabulario empleado -y sus traducciones a distintos idiomas- no siempre es explicativo de la realidad, utilizándose indistintamente los términos turbo, turbocompresor, compresor y compresor volumétrico. “Turbo” y “turbocompresor” suele referirse al mismo mecanismo, pero es posible que el motor tenga a la vez turbo y compresor, como mecanismos distintos, en cuyo caso las palabras deberían estar separadas.
En el próximo número explicaremos las ventajas y desventajas de cada uno de estos sistemas y repasaremos la presencia en el mercado de cada uno de ellos, pero nos permitimos adelantar que algunos motores montan ambos.

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