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DESDE RUSIA CON...BARCO

Náutica nº 230

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1. Editorial

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Ante las turbulentas situaciones económicas de todo tipo que nos toca vivir estos meses —y no sabemos cuántos más—, no son pocos los astilleros que han decidido abrirse allende las fronteras. Nos referimos a las fronteras del mercado náutico internacional. No solamente es cuestión de producir en terceros países a costes más ventajosos, con las añadidas ventajas fiscales que habitualmente ello conlleva, sino que también se trata de buscar nuevos mercados emergentes que atenúen la dura situación actual. Hace unas semanas nos cayó en las manos una revista rusa de náutica. Ante la más absoluta incomprensión del moderno cirilorruso, una variante del clásico alfabeto cirílico, nos limitamos a identificar las fotos de las embarcaciones que aparecían en la mayoría de las páginas.
Era un ejemplar de robustez media, con poco más de un centenar de páginas, en la que figuraban todo tipo de reportajes sobre los temas más diversos, desde la fauna marina en cualquier mar recóndito, hasta el buque escuela de la armada, pasando por las pequeñas desenfocadas fotos de un salón náutico local de quién sabe dónde. Solamente las pruebas de barcos se prestaban a una sencilla identificación. Entre modelos italianos, alemanes y franceses, principalmente, nos llamó la atención un barco nacional de reconocida marca, con bonitas imágenes (cedidas por el astillero, claro, porque las conocemos) y poco texto, eso sí. Al final, la página de publicidad del mismo barco remataba la prueba. La deducción era sencilla: el mercado ruso apetece a esa marca nacional. Rusia es la alternativa para muchos astilleros europeos occidentales que están en aprieto. Y no son sólo los grandes barcos de lujo las esloras codiciadas por los nuevos ricos del Este, también encuentran buenas ventas las tallas medias de barcos, a partir de los seis metros de eslora que, de momento, amarran, suponemos, en boyas de fondeo por falta de infraestructuras portuarias. Los megayates, por supuesto, tienen base en otras latitudes de clima menos riguroso, seguramente mediterráneas. Y, en efecto, los países escandinavos, por ejemplo, capean el descenso de las ventas en el mercado alemán, danés, escandinavo, francés y británico, principalmente, incrementando sus exportaciones a la cercana Rusia y, —¡sorpréndanse!—, también a Japón. También, no hace mucho, un astillero italiano había expuesto en los cinco primeros meses del año en, al menos, seis salones de lo más recóndito para abrir nuevos mercados.
El salón náutico de Shangai figuraba entre las preferencias de esta renombrada marca italiana dedicada a la producción de modelos hard top de media y gran eslora. China es, en este caso, otra alternativa para escapar de la crisis europea.
En definitiva, cuando la situación se pone difícil hay que ingeniárselas para mantener unos niveles aceptables de producción. Menos complicado lo tienen los importadores o distribuidores en general, que con no estocar barcos, pasarán mejor los tiempos difíciles. Hasta el próximo mes.

1. Editorial

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