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Costa Brava: Un siglo de historia

Náutica nº 234

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  1. Costa Brava
  2. Artistas e intelectuales en la Costa Brava
  3. En el interior

Este año se cumple el centenario de la acuñación del término Costa Brava para referirse al litoral de Girona. Todos los historiadores coinciden en atribuir la frase al periodista Ferran Agulló, pero las circunstancias de aquel bautismo son un buen motivo para recorrer esta atractiva costa.

Lo primero que hay que aclarar cuando se habla de la Costa Brava es el alcance geográfico de esta denominación. Para algunos se refiere directamente al litoral de la provincia de Girona, un marco de geografía política que tal vez admite distintos límites físicos. Para otros, es necesario fijar con precisión el puntomarina exacto donde se da inicio y fin a la denominación, en un debate a mitad de camino entre la tertulia de salón y el rigor histórico o geográfico. El límite sur de la Costa Brava se encuentra, sin lugar a dudas, en Blanes. Es la primera población a poniente, pero dos son los elementos geográficos en los que los especialistas no se ponen de acuerdo. Uno es la desembocadura del río Tordera, la Tordera en catalán, así, en femenino. La desembocadura del río separa las provincias de Barcelona y Girona, pero da lugar a amplias playas a ambos lados, de modo que el paisaje es poco “bravo” en este punto. Por este motivo son muchos quienes han querido ver en la Roca Palomera —Sa Palomera— el nacimiento de esta parte de la Costa Brava. La roca, situada frente al núcleo de Blanes, está rodeada de playa por ambos lados pero es, efectivamente, la primera masa rocosa del litoral gerundense, según se llega desde poniente.
Cala de Aiguablava
El límite norte es mucho más difuso. Para algunos autores la Costa Brava debería terminar en el cabo de Creus, pero sin aclarar si todo el cabo entra en el área geográfica que nos ocupa o bien si solo se refieren al extremo oriental del cabo, dejando fuera todo su litoral norte, lo cual sería de gran desagrado para los naturales de lugares como Port de la Selva o Llançà. Algunos indican que esta costa termina en Port Bou, pero también hay autores que consideran que la Costa Brava debería prolongarse por el interior de Francia hasta Port-Vendres o Banyuls, pues los característicos acantilados se prolongan varias millas hacia el norte.

El origen del nombre


Si los eruditos están dispuestos a debatir sobre el alcance geográfico de la denominación Costa Brava, no son menores los debates sobre el momento en el cual se acuñó el término. En realidad, la primera denominación “costa brava” no hacía referencia al litoral gerundense, sino a la costa de Tramuntana de Mallorca y se debe al escritor y párroco mallorquín Miquel Costa i LLobera (1854-1922) que lo utilizó en uno de sus poemas publicado en 1903, mismo año en el que también lo utilizó el poeta catalán Gabriel Alomar. La primera comparación entre la costa de Tramuntana y la costa catalana, donde también sopla el viento de tramontana, surge como consecuencia de un viaje institucional a Mallorca organizado en junio de 1908 para conmemorar el VII centenario del nacimiento de Jaime I. Ese viaje inspira varios textos al periodista Ferran Agulló (18631933) comparando las moles de la costa mallorquina con los acantilados catalanes, mucho más suaves, lo cual fue objeto de controversia pues el término “brava” era considerado excesivo para la costa gerundense. Otros autores preferían que se denominase Costa Griega, Costa Serena, Costa de Coral, Marina de l’Empordà, Marina de la Selva o, simplemente, Costa de Levante, porque se encontraba a levante de Barcelona. El mismo viaje ya comentado debió provocar que el 11 de septiembre de 1908 Lluís Duran publicase un artículo en el diario La Veu de Catalunya comparando esta parte del litoral catalán con la costa brava mallorquina. Al día siguiente, en el mismo periódico, Ferran Agulló publicó un artículo denominado Per la costa brava (Por la costa
brava, así en minúscula) donde se glosaban los atractivos de este litoral. Agulló, abogado, escritor y político, era secretario general del partido político Lliga Regionalista y director de La Veu de Catalunya, que era el órgano de difusión del partido. La tradición oral indica que Agulló utilizó por primera vez este nombre durante un banquete político celebrado en Fornells de Mar, término municipal de Begur, en el transcurso de un banquete político celebrado en la casa El Paradís
de Bonaventura Sabater. Donde estaba la casa se encuentra ahora el hotel Aigua Blava. Otros han querido colocar la escena en Blanes y algunos, los menos, que Agulló se inspiró estando en el promontorio de Sant Elm, en Sant Feliu de Guíxols. Lo cierto es que la primera denominación turística del Estado español se consolidó en breve tiempo. En junio de 1909 el Centro Excursionista de Catalunya organizó una excursión en barco a “la Costa Brava”, así, referido ya como conjunto, con paradas en Sant Feliu de Guíxols, L’Escala y el cabo de Creus, viaje en el que participaron personalidades políticas y culturales de la época, que fueron agasajadas a su llegada, de modo que la actividad tuvo una gran repercusión mediática, si es que así se puede denominar a la difusión que era posible alcanzar en aquellos tiempos.

Dalí y Plà


Catalanes universales y, por añadidura, ampurdaneses universales. Seguramente los dos nombres propios más vinculados a la Costa Brava. Salvador Dalí (1904-1989) nació en Figueres y su familia veraneaba en Cadaqués. El pintor adquirió una barraca de pescadores en Port Lligat (término municipal de Cadaqués) en 1930 y paulatinamente la fue ampliando convirtiéndola en su domicilio oficial hasta 1982. Esto facilitó su conocida estancia aquí con Federico García Lorca y Luis Buñuel, y motivó también que varios distinguidos miembros de la familia surrealista que había conocido en París viajasen hasta Cadaqués en 1935, como René Magritte, Paul Elouard y su mujer Gala. Pero no fue Dalí el primero en atraer a visitantes de excepción a Cadaqués, sino la familia Pichot. El pintor Ramon Pichot llevó a Picasso, Manolo Hugué, Joaquim Mir, Albéniz, Granados, Rubinstein... En los años 1960 Cadaqués fue la meca de la gauche divine, grupo así denominado por integrar artistas, intelectuales y juerguistas, a la vez de izquierdas y burgueses. Pero no fue Cadaqués el único lugar que atrajo artistas e intelectuales. Tossa de Mar, por ejemplo, ya había sido bautizada en 1934 como la “babel de las artes” por el crítico Rafael Benet, en referencia a los artistas de los más dispares orígenes que se reunían en la población. En 1935 la Generalitat republicana inauguró aquí el museo municipal, primero de España en tener una colección de arte contemporáneo, con obras de Marc Chagall, que estuvo por aquí, como también la fotógrafa Dora Maar, después compañera de Picasso. En 1947 Norman Lewis residió en Tossa donde escribió Voces del viejo mar. Josep Plà (1897-1981), abogado y político, es el gran escritor de la Costa Brava, aunque no estuvo de acuerdo con esta denominación. Sus libros sobre esta contrastada geografía (Cadaqués, Navegació d’estiu, Cinc històries de mar...) son imprescindibles para entender el paisaje y sus gentes, así como su Guía de la Costa Brava, publicada en 1941. En sus escritos Plà no solo describe magistralmente paisajes que tal vez ahora serían irreconocibles, sino que hace frecuentes referencias a los establecimientos que visita, como los restaurantes de la señora Neus en L’Escala, el del señor Gelpí en Palafrugell, el Hotel Empordà de Figueres... Hoy los centros gastronómicos de culto son El Bulli, en Cala Montjoi (Roses) con tres estrellas en la Guía Michelin y El Celler de Can Roca, en Girona, al que tal vez le haya correspondido ya la tercera estrella cuando se publique este artículo.

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