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AVITUALLAMIENTO Y ESTIBA

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AVITUALLAMIENTO Y ESTIBA

Náutica nº 231

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Prever la comida que tenemos que embarcar y cuándo es un tema importantísimo en todo crucero, pero muchos no piensan en él e improvisan a última hora. Un poco de planificación nos permitirá no sólo comer mejor, sino disponer de más tiempo durante las próximas vacaciones a bordo.

Cocinar, fregar los cacharros después de cada comida, prever qué necesitaremos para los próximos menús, ir a comprarlo, trasladarlo hasta el barco y cargarlo son algunos de los inconvenientes de un crucero, en el que seguramente todos tenemos más ganas de relajarnos que pensar en las necesidades de nuestra casa temporal.
Avituallamiento del barco

















Como estamos de vacaciones y queremos pasárnoslo bien, se trata de simplificar las cosas y repartir las tareas más domésticas. Al final, descubriremos que sin grandes esfuerzos, pero con un poco de organización, comeremos bien y nadie tendrá la sensación de haber salido perjudicado, uno de los grandes secretos para mantener la armonía a bordo. Empecemos por el principio, que el apartado doméstico de un crucero no debe ser menospreciado si queremos que las vacaciones sean el éxito que todos soñamos. ¿Qué vamos a comer? ¿Qué tenemos que llevar? ¿En qué cantidades? ¿Dónde vamos a comprar?
Las respuestas dependen mucho del grupo. Pero a mi entender son claras: comeremos lo que decidamos entre todos; tenemos que llevarnos o comprar por el camino todo lo necesario para todas las comidas que hagamos a bordo. En cuanto al dónde, depende del plan de crucero que planteemos, de si haremos muchos o pocos ágapes a bordo, de si tocaremos pocos puertos y sólo cuando las necesidades lo requieran, o si cada día amarraremos en una marina bien comunicada y con comercios cerca, etcétera, sin olvidar la capacidad de estiba del propio barco.
Puede darse el caso de que, a la vista de esta capacidad de estiba y de las necesidades de reavituallamiento, tengamos que readaptar nuestros planes a estas necesidades. De ahí la importancia de un poco de organización, para no tener que trastocar las expectativas del grupo cuando de repente descubramos que nos estamos quedando sin comida para los días que aún nos faltan para volver a tocar puerto. Como principio general, lo mejor es avituallar todo lo posible antes de zarpar, por la sencilla razón de que el puerto de salida suele ser el lugar más cómodo para cargar el material a bordo y realizar correctamente la estiba. Otra cosa es que a bordo haya suficiente espacio y capacidad de carga para colocar correctamente lo que el grupo va a comer durante todas las vacaciones. Además, es casi imposible realizar un crucero sin tener que reponer los productos perecederos sobre la marcha. De todas formas, no hay que verlo todo desde una perspectiva del trabajo que supone acarrear pesos en plena canícula: un paseo por el mercado local suele ser una gran oportunidad para conocer mejor la zona que visitamos.

ANTES DE COMPRAR
Antes de lanzarnos a comprar al tuntún los productos que se nos ocurran, hay que concretar un poco más los planes del crucero por lo que respecta a las comidas. ¿Pensamos hacer todos los ágapes a bordo, o comeremos siempre en tierra? Lo más probable es que optemos por una solución intermedia. Desayunos y almuerzos en el barco, y cenas en restaurantes cuando estemos amarrados a puerto suele ser una alternativa con la que muchos se sienten cómodos.
Con este dato podemos calcular aproximadamente cuántos menús debemos prever, además de los desayunos, aperitivos y tentempiés que correspondan, tema que analizamos a continuación.

DESAYUNO Y TENTEMPIÉS
Posibilidades infinitas en los menús de a bordoPrever lo necesario para los desayunos y tentempiés suele ser relativamente sencillo. Lo mejor es preguntar a todos los tripulantes cuáles son sus preferencias y a partir de ellas realizar la lista de la compra, en las cantidades necesarias (o posibles por la capacidad de estiba, que casi siempre es bastante escasa). A nosotros nos da lo mismo comprar diez paquetes de cereales de un tipo o cinco de un tipo y otros cinco de otro, por ejemplo. Y lo mismo con las galletas, mermeladas, frutos secos, chocolates, aceitunas y demás. No hay que quedarse cortos con los tentempiés, que sirven para pasar las guardias y las horas muertas de navegación, además de los aperitivos más usuales. La ventaja es que son productos que ocupan poco espacio y pueden guardarse en cualquier rincón (¡siempre que a la hora de necesitarlos recordemos dónde los hemos puesto!). Más engorro puede ocasionar la compra de leche para todo el crucero, sobre todo por el volumen que ocupan los tetrabricks para toda la tripulación durante dos o tres semanas. Por fortuna, se trata de un producto relativamente fácil de reponer porque lo encontramos en todas partes. Y lo mismo puede decirse del apartado de bebidas, con el problema añadido de que hay que estibarlas de manera que no se rompan.

Analicemos, por tanto, ahora, los menús de almuerzos y cenas, que son los que más interrogantes y dudas suelen plantear. Más que empezar embarcando cantidades de diversos productos más o menos a ojo (dos kilos de arroz, dos de patatas, seis paquetes de espaguetis, cinco latas de tomate, etc.), yo suelo pensar primero en unos menús tipo, calculo las cantidades necesarias para cada vez que los preparemos y decido, finalmente, las necesidades totales.
Para empezar, opto por platos tan sencillos de preparar como sea posible, que para algo estamos de vacaciones, sin que esto signifique que tengamos que comer mal, ni muchísimo menos. En verano, las ensaladas son las reinas de la mesa. Y además tienen la gran ventaja de que se pueden preparar antes del baño, de manera que todos podemos disfrutar de la última hora de la mañana sin discriminar a nadie.
Ensaladas las hay tan variadas que cada día podemos hacer una distinta sin temor a repetirnos. Se trata de optar por una base que podemos ir variando (arroz, patatas, pasta, legumbres, productos prácticamente imperecederos y que, por tanto, podemos embarcar desde el principio si la capacidad de estiba es suficiente), y añadirle complementos de todo tipo, desde tomate y lechuga a cebolla, aceitunas, pimientos, anchoas, atún, sardinas, queso, frutos secos, fruta o lo que se nos ocurra.
Sólo con observar esta lista de posibles complementos de la ensalada nos daremos cuenta de la necesidad de planificar un poco: hay que prever productos frescos para los primeros días y dejar para los siguientes, cuando llevemos ya varias jornadas sin tocar puerto, las ensaladas en las que intervienen, sobre todo, productos en lata.

DE PLATO EN PLATO
Ya que hablamos de productos en lata, la experiencia me ha enseñado dos principios que suelo observar: ante todo, es preferible dos latas pequeñas a una grande, excepto en el caso de que ésta se acabe en un solo uso. Ello es consecuencia de que las latas abiertas normalmente no pueden guardarse a bordo. Mi segunda regla de oro en este tema es que prefiero latas que complementen un menú a las comidas preparadas, que sólo uso en casos muy excepcionales.
Las pastas y las verduras son las otras dos grandes familias de los primeros platos. Y no hablamos de sopas porque suelen apetecer más en invierno que en verano.
Preparación de los platosLos segundos platos suelen presentar más problemas, sobre todo por la dificultad de conservar carne y pescado crudos. Por ello, estos ingredientes suelen utilizarse en los primeros días después de tocar puerto y consumir después embutidos que podemos encargar envasados al vacío en una charcutería de confianza o incluso en numerosos supermercados, y las conservas que preparemos nosotros mismos en casa con antelación.Las conservas de carne y pescado realizadas en casa sustituyen con ventaja las comidas enlatadas que encontramos en los supermercados. Para realizarlas, hay que cocinar lo que queramos —un estofado de carne, por ejemplo—, vertirlo en un bote de cristal para conserva (que nunca debe llenarse en más de las dos terceras partes de su capacidad) y dejarlo hervir en la olla a presión el tiempo indicado en las instrucciones de ésta.
Con estos botes soluciono los segundos platos cuando las existencias de carne y pescado fresco han desaparecido y no es posible abastecerse en tierra.
Además, estas conservas caseras son ideales los días de navegación con mal tiempo, cuando nadie está en condiciones de pasarse mucho rato cocinando. En estas ocasiones, es fácil preparar un arroz hervido, por ejemplo, que complementamos perfectamente con cualquier carne o pescado con salsa que nos hayamos traído de casa. Y el resultado suele ser asombroso: no hay nada como una buena comida caliente para reanimar a una tripulación cansada, seguramente mojada en un día de mala mar, viento y sin sol, cuando parece que el puerto o la cala prometida no llegarán nunca.
Los hay que incluso se traen de casa el sofrito de tomate con carne picada en conserva, de manera que de esta forma les basta con cocinar un buen plato de pasta o arroz para tener un menú completo, con la proteína necesaria.

CANTIDADES TOTALES
A partir de estos menús tipo, es relativamente fácil calcular las cantidades necesarias de nada uno de los productos necesarios; es decir, cuántos kilos de patatas y arroz, cuántos paquetes de macarrones y espaguetis, cuántos botes de legumbres debemos adquirir. Y lo mismo con las aceitunas, atún, sardinas, frutos secos, sobres al vacío de jamón, lomo y demás. Todo ello sin olvidarnos, claro está, del aceite, la sal y las cerillas (mejor unas cuantas cajas pequeñas que una grande, que suele mojarse o perderse en el momento más inoportuno).

BUENA ESTIBA
Una estiba correcta es esencialDecididas las cantidades, queda estibarlas correctamente, recordar dónde las colocamos y saber más adelante cuántas nos quedan para saber cuándo debemos reponerlas antes de que las necesitemos otra vez.
La estiba de los alimentos depende mucho de la capacidad del barco. Lo ideal es colocar los productos pesados lo más centrados y abajo posible para no perjudicar la estabilidad durante la navegación. La sentina es, evidentemente, el sitio ideal donde guardar las latas, pero ello no siempre es posible, sobre todo porque las sentinas de los barcos modernos suelen ser tan pequeñas que en ellas no cabe casi nada.
De todas formas, si nuestra sentina acepta latas, antes de colocarlas debemos marcar con un rotulador indeleble qué producto hay en su interior. De lo contrario, es muy probable que acabemos jugando a la ruleta cada vez que abramos una lata, sin saber qué vamos a encontrar en su interior.
Por otra parte, a la hora de estibar hay que distinguir entre lo que vamos a necesitar a corto plazo (uno o dos días), lo que vamos a colocar en cofres muy accesibles desde la cocina, y las provisiones que no usaremos hasta pasados unos días, y lo que meteremos en los cofres que estén menos a mano.

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